15 junio 2015

La caída de los ídolos de barro



Como apuntábamos antes, era nuestra voluntad comunicar estos hallazgos lo antes posible y promover la declaración de esta ermita como Bien de Interés Cultural. Así que unos días más tarde y a la atención del Director General del Departamento de Cultura de la Generalitat, registramos el documento correspondiente aportando fotografías, planos y completas descripciones de la iglesia y del lugar.

Cumplido este trámite fue cuando narramos en nuestros blogs la historia del hallazgo siempre con la precaución de no revelar el lugar donde se situaba la ermita. A raíz de ello contactaron con nosotros la prensa, algunos de los responsables del Museo de Lleida y también del Centre de Restauración de Bens Mobles de la Generalitat.

Entusiasmados por el interés que mostraban por nosotros gente a la que admirábamos por considerarlos grandes profesionales, no dudamos en responder a su demanda. Resultó que no eramos nosotros quienes les importábamos, sino que querían saber el dónde, el cómo y el por qué. Tras aclararles que todo eso lo tenían en el informe que habíamos presentado días antes en su sede, se disculparon por su precipitada amonestación y acordamos encontrarnos el día de la visita institucional para acompañarlos, mostrarles el lugar y poder verlos en acción. Y así, al cabo de unas semanas llegó el día señalado y como tal, lo informamos a la prensa que publicó la noticia del evento.






No nos importaba madrugar, ni el largo desplazamiento en coche, ni las dos agotadoras horas de cuesta subiendo a pie hasta el lugar donde nos habíamos citado con ellos. Todo eso era hasta agradable, porque vivíamos la ilusión de disfrutar un día fantástico ejerciendo de guías de unos grandes profesionales que, a buen seguro, se emocionarían tanto como nosotros de encontrar esas pinturas del s.XII desconocidas hasta el momento.

Lo ocurrido a continuación es uno de los tantos episodios inesperados que menoscaban de manera considerable el ánimo del ser humano:


Tras esperarlos una media hora empezaron a llegar varios vehículos todoterreno que aparcaron uno tras otro en el lugar acordado. Nos encaminarnos hacía ellos y cual sería nuestra sorpresa al no recibir saludo ni palabra alguna de nadie de los que iban descendiendo de sus vehículos. Representantes eclesiásticos y del obispado, conservadores del museo de Lleida, del departamento de Patrimonio de la Generalitat, de varias asociaciones culturales de la zona, la agencia catalana de noticias, la televisión catalana TV3 e incluso el pastor cuyas ovejas pastaban en la zona. De la treintena larga de personas que llegaron tan solo tres o cuatro de ellos respondieron a nuestro saludo cordialmente. La frialdad e indiferencia del resto nos dejó desorientados y nos invadió el sentimiento de que nuestra presencia era una molestia.




Prescindiendo totalmente de nuestro grupo emprendieron rápidamente camino hacía la iglesia de Sant Pere d'Espills creyendo erróneamente que se trataba de aquella. Nos sorprendió que ni ellos ni los guías de la zona que los acompañaban, supieran descifrar el mapa con las precisas indicaciones registradas en el documento que les entregamos. Al ver que marchaban errados fue nuestra reacción instintiva advertirles que no se trataba de ese templo y que la dirección era hacia otro lado. Fue solo entonces que cambiaron el rumbo y nos siguieron hasta el lugar correcto.

La pequeña ermita se lleno poco después de gente que se apiñaba para entrar y que se turnaban en trepar hasta la abertura del agujero para entrar en el ábside.

Hacía muchísimos años que las pinturas no eran contempladas por tantos ojos a la vez, ojos profesionales, religiosos y profanos, aunque pocos de emocionados. Tras sacar un montón de fotos, tomar apuntes y rumorear entre ellos, nos ordenaron salir de la iglesia para tenerla en exclusiva y dar entrada a la filmación de la noticia que ofrecerían por televisión.






Se escenificó una actuación de cata de muestras y de estabilización de las pinturas, se entrevistó a funcionarios, a responsables de Patrimonio y al mismo pastor que aturdido no acababa de entender a que se debía tanto ajetreo. Pero en absoluto consideraron entrevistar a ninguno de nosotros.

La comisionada de Patrimonio reveló el nombre y la localización de la iglesia y optó por dar mucha publicidad al Arxivo Gavín, corporación con la que tienen mucha afinidad y que tenía en custodia unas escuetas imágenes de la orante fotografiadas muchos años atrás cuando ignorante de la extrema importancia que tenían le pasaron totalmente desapercibidas. No así ese mismo día que reclamaba para sí el descubrimiento de las pinturas y que, sin mérito personal alguno, también fue entrevistado por la televisión catalana. Pero repetimos, nadie se dignó a entrevistar a ninguno de nosotros ni a nombrar nuestro grupo de románico, algo que popularmente se conoce con el nombre de ninguneo.

Una vez terminado el rodaje y todas las entrevistas posibles los visitantes fueron volviendo paulatinamente a sus vehículos. Fue entonces cuando los responsables de Patrimonio tuvieron a bien decirnos unas palabras congraciadoras. Comentaron que eran unas pinturas magníficas, que les habíamos ofrecido un bombón y que por descontado solicitarían medios para su protección y restauración. Algunos de ellos, los más profesionales, tenían ese brillo en los ojos de emoción contenida. La actuación más inmediata sería cubrir el tejado y poner una puerta cerrada para evitar posibles actos de vandalismo. Se despidieron de nosotros garantizando que estaríamos al corriente de los avances.



Pero el mutismo absoluto volvió a extenderse después de aquello y las actuaciones prometidas no llegaron a producirse. Nos vimos inmersos en la paradoja de ver que la misma administración que nos pidió celosamente no revelar la situación de las pinturas, las hizo públicas en la visita oficial para volver, tras aquélla, a dejarlas en el absoluto abandono en que se encuentran a día de hoy. Por descontado que nadie nos llamó para dar la menor explicación del porqué.

Gracias a nuestras propias indagaciones efectuadas entre conocidos de la comarca conseguimos descubrir un relevante dato.

El problema real que tuvieron estas instituciones gubernamentales es que dieron por hecho que la ermita pertenecía al obispado y por tanto actuaron como si fuera de su propiedad, ordenando, dirigiendo, maliciando de nuestro hallazgo y queriendo atribuirse la notoriedad de la primicia. Pero enseguida descubrieron su dura realidad, y es que esa iglesia es de propiedad privada y, no tienen, ni parece que van a tener por el momento ningún poder legal sobre ella, puesto que no han conseguido convencer al propietario que se la cediera.

Bajo ese duro e insuperable inconveniente y presionados por los medios de comunicación que insistían en saber como gestionarían la recuperación de esos frescos, se optó por presentar una irracional datación de las pinturas que bajaba considerablemente el interés y el valor económico del conjunto.



Por su falta de solidaridad y transparencia con nosotros, por corromper sus valores morales al mezclarlos con intereses personales y económicos, hemos asistido a su derrumbe. Es la caída de los ídolos ante nuestros ojos. Aquellos a quienes antes considerábamos grandes, eran tan solo ídolos de barro.

He aquí la valoración de ellos junto a nuestras anotaciones:





Salud y Románico

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